«Art Espida. Proxecto Global»: la utilización del arte como proyecto clínico en el Hospital Psiquiátrico de Piñor (Ourense)

Entrevista realizada por María Antonia de Miguel a María Jesús (Chus) Gómez, Jefa de sección del Hospital Psiquiátrico de Piñor (Ourense).

Si algo define mejor el estado de los pacientes ingresados en un hospital psiquiátrico sería añadir al “cada uno en su mundo” el término abandonado, “abandonados cada uno en su mundo”, esa es la impresión general que se tiene al entrar en estos lugares. Pero ¿qué proceso se ha dado para que el Hospital Psiquiátrico de Piñor no sea un lugar así, y sea más bien un espacio que acoge este mundo de cada uno, en el que se mira y se escuchan las soluciones singulares con las que cada cual se las arregla para vivir, en algunos casos con un enorme sufrimiento?

De este proyecto, en el que la creación artística ha jugado un papel relevante, nos habla en la siguiente entrevista María Jesús (Chus) Gómez, psicoanalista y psiquiatra, Jefa de sección del hospital.

P: ¿Podrías hacernos un breve recorrido sobre la historia de Piñor?

R: La historia comienza en el año 2012 como hospital denominado de Rehabilitación Psiquiátrica después del traslado por el cierre del Hospital de Toén, en donde estuvimos ubicados hasta esa fecha. Toén estaba abierto desde 1959. Se cierra en el 2012 por la denuncia que los clínicos, que allí trabajábamos, hicimos a la administración político-sanitaria responsable. Denuncia por la degradación arquitectónica del lugar y la degradación asistencial que ello conlleva que, además de vulnerar los derechos de los pacientes, los priva de unas instalaciones dignas para vivir y ser acogidos. Una reivindicación ética que reclama además un trato digno y respetuoso. Dicho cierre se hace con una fuerte oposición  desde el punto de vista político, profesional y también por parte de los vecinos de la ciudad, pero, a pesar de todo, siguió adelante y Toén se cerró.
Una vez en el nuevo lugar, la oposición frente a cualquier propuesta de cambio en el funcionamiento clínico asistencial requirió de un acto que implicó un cambio de lógica: del «todo normas» al «no todo», que permite acoger la singularidad de cada uno, por la creación de un vacío en el que poder acoger al otro.

Como consecuencia, se pone a funcionar de otra manera la dialéctica pulsional, la mirada y la voz, tan presentes y fundamentales en los pacientes psicóticos; ya no  sólo son perseguidos por esa mirada y esa voz; ellos también ven, miran, son vistos y escuchados como sujetos singulares. Todo ello produce, entre otros cambios, una dulcificación del ambiente, que ya por fin se puede denominar “hospitalario”.

P: ¿Cómo surge en este contexto vuestro proyecto «Art Espida. Proxecto Global»?

R: Nace del encuentro sorpresivo y azaroso con toda la obra creativa (de pacientes anteriores) que se encuentra en el Hospital de Toén al realizar la mudanza; las obras no sólo estaban en el espacio de los talleres, activos desde su inauguración, sino que estaban en lugares marginales o bien ocultos detrás de una puerta, en un cajón, en lugares olvidados y sin uso. «Desechos», en definitiva.
Lo que puede ver el ojo del clínico sostenido por el psicoanálisis es “el fuerte deseo de esos pacientes por plasmar su subjetividad, y usar el arte para aliviar el sufrimiento, el esfuerzo subjetivo por limitar ese sufrimiento a través del arte. Esto se ve en generaciones de pacientes que habían pasado por el hospital”, en palabras de Alcira Cibeira y Marta García.
Hay que señalar que en el proyecto está implicado todo el equipo clínico que trabajamos allí: Alcira Cibeira, Antón Casáis, y yo misma como psiquiatras. A nosotros se ha sumado  Marta García, psicóloga y licenciada en arte, que sostiene y dinamiza el espacio.
P: ¿Qué hacéis con este encuentro?
R: Primero Martín Estévez, terapeuta ocupacional interesado en el arte, y Alcira Cibeira  recogen toda la obra dispersa por el hospital, la ordenan y catalogan. En un segundo tiempo surge un deseo decidido, que busca articular clínica y creación, que vaya más allá de los límites de la terapia ocupacional habitual de larga tradición en los hospitales psiquiátricos. De este deseo surgió Art Espida.

P: ¿Qué podrías decir en pocas palabras de este proyecto y del espacio de arte que de ahí surge?
R: Este espacio de arte de creación libre, surgido del proyecto, no es un pegoteo cultural con el que se pretende adornar un hospital psiquiátrico; es un espacio de tratamiento del dolor subjetivo y un medio de organización psíquica para todos aquellos pacientes que deciden hacer uso de él, así lo explica Antón Casáis.

P: Además del espacio clínico articulado a través del arte, ¿qué ha abierto el proyecto, qué dimensión social buscáis?
R: La dimensión social del proyecto es amplia y supone varios supuestos:
1.- un proyecto de colaboración con artistas interesados que han mostrado su deseo en participar y aprender de lo que la lo-cura puede enseñar.
2.- la creación de un museo permanente que albergue la obra actual y la que vaya produciéndose en el hospital, abierto a toda la ciudadanía.
3.- una exposición en el segundo trimestre de 2023, en el Centro Cultural Marcos Valcárcel de Ourense, para dar a conocer toda la colección Toén-Piñor, ya catalogada, y su historia al público en general.
La finalidad del proyecto es humanizar la dinámica institucional, y permitir a los pacientes un espacio de tratamiento singular de su sufrimiento para aliviar la soledad, el rechazo y el estigma.
El desarrollo del proyecto conecta con los fines propios del hospital que busca para nuestros pacientes la mayor estabilización y autonomía posible para su vida.
Muchas gracias, Chus, por dar a conocer Art Espida, proyecto que abraza las invenciones singulares de unos clínicos y de sus pacientes.

Imagen: Pieza de la colección Art Espida del Hospital Psiquiátrico de Piñor.